A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer. A los 27, aprendí que el título obtenido no era la meta soñada. A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te puede doler la vida entera. A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos. A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo. A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada, A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando. A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos galletas y elige la menor.Una inyección de amor,filosofía de vida, poemas y medicina del alma para que nos ayuden en el camino.
viernes, 16 de octubre de 2009
APRENDIENDO (2ªparte)
A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer. A los 27, aprendí que el título obtenido no era la meta soñada. A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te puede doler la vida entera. A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos. A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo. A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada, A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando. A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos galletas y elige la menor.
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